Contemporáneos Ficción
Nuestros contemporáneos son aquellos títulos (en este caso de ficción) que a principios del siglo pasado fijaron la literatura que disfrutamos en la actualidad. Además, en esta colección también hay espacio para aquellos libros que han sido injustamente olvidados por el canon tradicional y que son muy difíciles de encontrar, incluso en el mercado del libro de lance.
Los tres impostores
Arthur MachenBL Contemporáneos (Ficción)
Traducción: Luis Loayza
15x23 cm. Rústica con solapas
19€
240 págs.
ISBN:978-84-08-07926-2
Fecha de publicación
Mayo 2008

La joya del terror decadente británico del siglo XIX
Londres, finales del siglo XIX. Durante uno de sus paseos contemplativos por las calles de la ciudad, Dyson, un joven burgués y aspirante a escritor, es testigo de una desesperada persecución. Mientras perseguidor y perseguido se alejan el segundo deja caer un objeto brillante al suelo, que Dyson recoge. Sorprendido por la escena e intrigado por la procedencia de lo que parece ser una antigua moneda, Dyson visita a su amigo Charles Philips, quien le revela que la pieza es un Tiberio de oro, una moneda romana de gran valor histórico.
A partir de ese momento y en el transcurso de pocos días, Dyson y Philips conocerán a cinco extraños personajes que narran aterradores y turbios relatos de sus vidas que, a modo de rompecabezas, formarán una absorbente trama envuelta por un estremecedor halo de misterio.
Arthur Machen es el seudónimo de Arthur Llewelyn Jones (1863-1947) un escritor y periodista galés que tiene el incuestionable honor de ser el padre de la novela decadente de terror. Después de una juventud un tanto errática, en la que compagina la escritura con trabajos eventuales, en 1890 Machen se dedica plenamente a la escritura gracias a una herencia familiar. De esos años de trabajo pleno surgirán sus mejores obras, las que le convertirán en un escritor tremendamente popular.
Influenciado por las nuevas tendencias espirituales de su época, como el paganismo, el ocultismo o el espiritismo, Machen participa en distintos grupos hasta ingresar en la Hermetic Order of the Golden Dawn, una secta cristiana que preconizaba la recuperación de los antiguos rituales de la iglesia.
Prolífico, Machen publicó 13 novelas que gozaron de una extraordinaria acogida popular, y resultó tremendamente influyente para todos aquellos autores que, después de él, decidieron explorar los aspectos más oscuros de la ficción.Críticas
“Las literaturas encierran breves y casi secretas obras maestras; Los tres impostores es una de ellas.”
Jorge Luis Borges
Fragmento de la obra
«La relación entre Mr. Dyson y Mr. Charles Phillips surgió de uno de los infinitos azares que se presentan cada día en las calles de Londres. Mr. Dyson era un hombre de letras y un ejemplo lamentable de talento mal empleado. En efecto, aunque sus dones hubieran hecho de él, en la flor de la juventud, uno de los novelistas más solicitados de Bentley, había preferido mostrarse intratable; poseía, sin duda, buenos conocimientos de lógica escolástica, pero todo lo ignoraba de la lógica de la vida y, si bien se otorgaba a sí mismo el título de artista, no pasaba de ser un observador vago y curioso de las actividades ajenas. Entre sus muchas ilusiones abrigaba con mayor exaltación la de ser un trabajador infatigable; solía entrar con gesto de cansancio supremo a su lugar más frecuentado, una tabaquería de Great Queen Street, y proclamar ante quien quisiera escucharlo que había visto levantarse y ponerse el sol de dos días consecutivos. El dueño de la tienda, hombre de edad madura y singular cortesía, toleraba a Dyson, en parte llevado por su buen carácter y en parte porque era de sus clientes habituales. Le permitía sentarse en un barril vacío y exponer sus opiniones sobre cuestiones literarias y artísticas hasta cansarse o hasta que llegase la hora de cerrar; tal vez no atrajera nuevos clientes pero cabía suponer que su elocuencia no ahuyentaba a nadie. Dyson era muy dado a practicar experimentos impetuosos con el tabaco y no se cansaba de ensayar nuevas combinaciones; una tarde acababa de entrar a la tienda anunciando la última de sus fórmulas descabelladas cuando un joven, más o menos de su edad, que se hallaba presente, pidió al dueño que le preparase a él la misma receta, al tiempo que dirigía a Mr. Dyson una sonrisa de buena educación. Dyson se sintió profundamente halagado y, tras cambiar unas cuantas frases, los dos se pusieron a charlar; una hora más tarde el tabaquero vio a los nuevos amigos, sentados lado a lado en sendos barriles, completamente enfrascados en la conversación.»
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