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Contemporáneos No ficción

Nuestros contemporáneos son aquellos títulos, tanto de ficción como de no ficción, que a principios del siglo pasado fijaron la literatura que disfrutamos en la actualidad. Además, en esta colección también hay espacio para aquellos libros que han sido injustamente olvidados por el canon tradicional y que son muy difíciles de encontrar, incluso en el mercado del libro de lance.

El laberinto español

Gerald Brenan

BackList contemporáneos
No ficción
15 x 23 cm.
21,50 €
556 págs.
Rústica con solapas

Fecha de publicación
Enero 2009

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El gran libro de referencia de uno de los más celebres hispanistas británicos sobre los orígenes de la guerra civil española.

  • Brenan fue testigo perplejo y reflexivo de los inicios de la guerra civil española desde el pequeño pueblo de Yegen, en las Alpujarras de Granada, y en 1943 publica El laberinto español, un estudio sobre los antecedentes sociales y políticos del conflicto fratricida hispano. La obra, prohibida en España hasta 1978, fue publicada por la editorial Ruedo Ibérico de París.

    Edward Fitgerald Brenan, escritor e hispanista británico, nació en Malta en 1894 y murió en Alhaurín el Grande, Málaga, en 1987. Conocido del Círculo de Bloomsbury, mantuvo un romance con la pintora Dora Carrington y entabló amistad, entre otros, con Lytton Strachey, Virginia Woolf y Roger Fry.
    Desde 1919 hasta el inicio de la guerra civil residió largas temporadas en Andalucía, donde más tarde se trasladaría la poetisa norteamericana Gamel Woolsey, con quien se casó en 1931.

  • Fragmento de la obra

    1. La restauración. 1874-1898
    «Se diría, para terminar, que aunque los españoles tienen ingenio,
    capacidad y medios suficientes para restaurar su país, no
    lograrán hacerlo; y aunque enteramente capaces de salvar su
    Estado, no lo salvarán —porque les falta voluntad de hacerlo.»
    Sebastiano Foscarini, embajador de Venecia en Madrid de
    1682 a 1686.

    La víspera de Navidad de 1874 un general español, Martínez
    Campos, ordenó hacer alto al puñado de tropas que mandaba, a
    la sombra de los olivos de la colina de Sagunto, y les dirigió una
    arenga, al final de la cual proclamaba a Alfonso XII rey de España.
    Los soldados, vestidos con destrozados uniformes, aplaudieron,
    siguiendo en esto a sus sargentos. Unos cuantos oficiales,
    recordando que habían jurado fidelidad a la República, se
    marcharon. El resto, con los ojos brillantes, soñando en nuevos
    uniformes y ascensos, volvió a montar a caballo y la columna
    continuó su marcha hacia Valencia. Los últimos sesenta años
    habían sido testigos de una larga serie de pronunciamientos de
    este tipo —a un promedio de uno cada veinte meses—, pero
    ninguno obtuvo un éxito más duradero. La primera República
    cayó sin que se disparase un solo tiro en su defensa; y pocas semanas
    después, el joven rey, a la sazón cadete en Sandhurst,
    desembarcaba en Barcelona.
    El hombre a quien se debía la Restauración no era, sin embargo,
    un general. El golpe de Estado se había adelantado un
    tanto como consecuencia de la ansiedad existente entre los jefes
    del ejército para lograr este honor. El verdadero creador del
    nuevo orden era un político conservador, don Antonio Cánovas
    del Castillo, quien, desde que se puso de manifiesto el fracaso
    de la revolución de 1868, venía preparándolo cuidadosamente.
    Asumió, pues, la jefatura del gobierno provisional y emprendió
    a la vez la difícil tarea de bosquejar una nueva Constitución, la
    sexta del siglo, y que había de durar hasta su anulación por parte
    de Primo de Rivera.

    · Descargar PDF (Laberinto Espanol.pdf, 264 kb)

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