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Clásicos

Con la colaboración de grandes especialistas, como Carlos Pujol, Francisco Gracia o Juan Vernet, BackList Clásicos recupera los títulos más representativos de la literatura universal de todos los tiempos y las obras menos conocidas de los grandes autores. Esta colección aspira a convertirse en referencial por su cuidado diseño, por los magníficos prólogos de cada uno de los títulos y por las espléndidas traducciones (muchas de las cuales se han rescatado de la mítica colección Clásicos Universales Planeta).

Bouvard y Pécuchet

Gustave Flaubert

BL Clásicos
Traducción: Aurora Bernárdez
15 x 23 cm. Tapa dura con sobrecubierta
25€
400 págs.
ISBN:978-84-08-07925-5

Fecha de publicación
Mayo 2008

 

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La obra más satírica del autor de Madame Bovary  

  • Dos escribientes parisinos, François Denys Bartholomé Bouvard y Justine Romain Cyrille Pécuchet, se conocen un día de verano de 1838 y, casi al instante, se convierten en grandes amigos. Cuando Bouvard hereda una considerable fortuna ambos deciden instalarse en una granja de Normandía. Creen que la vida tranquila del campo les estimulará intelectualmente y, así, con el paso de los años, podrán tener amplios conocimientos de cada una de las ramas del saber humano (agricultura, arqueología, historia, ciencia, metafísica, estética...). Consultan gran número de libros, pero cuando aplican la teoría al mundo real los efectos son desastrosos, ya que comprueban que las diversas fuentes que han consultado se contradicen entre ellas.

    «Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos.»
    Gustave Flaubert

    Gustave Flaubert (1821-1880) está considerado como el introductor del realismo francés del siglo XIX. Su obsesión por el estilo, por la búsqueda del mot juste (la palabra justa), hizo que sus obras, consideradas como escandalosas por la sociedad de su tiempo, lograran un reconocimiento unánime por parte de la crítica y de sus compañeros de letras. Tímido hasta lo patológico y en ocasiones arrogante, Flaubert no se granjeó demasiadas amistades a lo largo de su vida. Su carácter, que podríamos calificar de inestable, le llevó a padecer crisis nerviosas que derivaron en una salud frágil. Flaubert, prematuramente anciano, murió de una apoplejía a los 58 años. Contemporáneo del otro gran genio de la literatura francesa, Charles Baudelaire, Flaubert nos lega una obra deslumbrante que arranca con Madame Bovary (1857), sigue con Salambó (1862), La educación sentimental (1869), La tentación de San Antonio (1874), Tres cuentos (1877) y se cierra, póstumamente, con Bouvard y Pécuchet (1881).

     

  • Críticas

    «La posteridad ha considerado Bouvard y Pecuchet como uno de los textos capitales del escritor que –como sucede con toda buena literatura– acaba llevando a Flaubert mucho más lejos de lo que él se proponía. ¿Una especie de Quijote que pone en solfa los libros de caballería de su siglo, que quisieran tener explicaciones fáciles y cómodas para todo, y que desbarran de la manera más extravagante?
    Esta podría ser una interpretación pero hay muchas más. Pensemos, por ejemplo, que el hombre que vive para leer y escribir –la literatura concebida como absoluto en Flaubert tiene un carácter casi religioso, y cuando se queda bloqueado ante la página en blanco llega a evocar “la sequedad de los místicos”–nos lega como experiencia final una terrible sátira de lo que contienen los libros.»
    Del prólogo de Carlos Pujol

  • Fragmento de la obra

    «Como hacía treinta y tres grados de calor, el bulevar Bourdon estaba absolutamente desierto.
    Más abajo el Canal Saint-Martin, cerrado por las dos esclusas, desplegaba en línea recta sus aguas retintas. Había en el centro una lancha llena de leña y en la orilla dos filas de barricas.
    Del otro lado del canal, entre las casas separadas por depósitos, un gran cielo puro se recortaba en láminas de ultramar y con la reverberación del sol deslumbraban las fachadas blancas, los techos de pizarra, los muelles de granito. Desde lejos subía en la atmósfera tibia un rumor confuso, y todo parecía embotado por la ociosidad del domingo y la tristeza de los días de verano.
    Aparecieron dos hombres.
    Uno venía de la Bastilla, el otro del Jardín de Plantas. El más alto, vestido de lino, caminaba con el sombrero echado hacia atrás, el chaleco desabrochado y la corbata en la mano. El más bajo, con un cuerpo que desaparecía en una levita de color castaño, llevaba en la cabeza gacha una gorra de visera puntiaguda».

    · Descargar PDF (Flaubert.pdf, 170 kb)

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